¡Ah, el proceloso mundo de las afinaciones! Cuando uno está ya acostumbrado a navegar por un mástil ajustado a E (Mi), es decir, la afinación estándar, de repente alguien le descubre que esas relaciones tonales entre cuerdas pueden alterarse... ¡y el Universo no implosiona! Vamos, que la estándar no es una regla inamovible, ni mucho menos. Y no solo eso, sino que al alterar ese espacio de confort, esa zona segura que posibilita que tu mundo vertical se rija por cada día por E-A-D-G-B-E, y darle nuevas reglas, uno puede alcanzar sonidos y formas de tocar diferentes (claro) y atractivas (mucho más interesante).